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Lo sustancial.

martes, 28 de enero de 2014

La fiesta bancaria del chavismo
Mientras el discurso oficial se radicaliza en su diatriba anticapitalista, la banca privada y pública venezolana exhibe enormes ganancias que despertarían la codicia de cualquier cazador de inversiones. La pregunta es cuánto durará.
Será el peor clima de negocios de la región, la deuda soberana estará casi al nivel de “bonos basura” y las agencias como Moody’s y Standard & Poor’s no paran de advertir los riesgos de un supuesto colapso económico. Pero hay un negocio que sigue incólume en Venezuela. La banca ha soportado rígidos controles, duras supervisiones, tarifas y comisiones congeladas desde hace cinco años y tasas de interés activas máximas a la mitad de una inflación anual de casi 60%. Y aun así ganan dinero: mucho dinero. ¿Cómo lo logran?
“El secreto está en los márgenes”, señala el economista Boris Ackerman, profesor de la Universidad Simón Bolívar. Los bancos pagan 12,5% en tasas pasivas y cobran 24% en vehículos y 29% a tarjetas de crédito.
La Superintendencia de las Instituciones del Sector Bancario (Sudeban) informó en septiembre que el desempeño del sector era el mejor en 13 años, con una evaluación “por encima de lo esperado” y muy cerca del “óptimo”, según el método Camel. Ackerman ha elaborado su propio ránking cuantitativo de la banca, apoyado en ese método Camel (Suficiencia Patrimonial, Calidad de Activos, Gestión Administrativa, Liquidez y Rentabilidad) y en los números de Sudeban.
“La política monetaria es el meollo de todo”, explica. “El crecimiento constante de la masa monetaria genera para la banca niveles importantes de liquidez. Tienen fondos prácticamente gratis para trabajar”.
Esos fondos incluyen depósitos de empresas transnacionales que no pueden repatriar dividendos porque el gobierno no les da las divisas. Ese dinero está preso en cuentas bancarias sin remuneración. Los bancos inclusive se las arreglan para cumplir con las “gavetas obligatorias”, líneas de crédito ordenadas por el gobierno para la agricultura, turismo y pequeñas y medianas empresas a intereses entre 4% y 5% anual.
“Las gavetas les quitan rentabilidad, pero si son préstamos contra fondos gratis eso no importa”, señala Ackerman.
El gran detalle de esa rentabilidad está en la naturaleza de los depósitos, en un país cuyo gobierno dice estar empeñado en forjar el hombre nuevo, erradicar el capitalismo, la usura y el consumismo. Las cuentas corrientes son el 78% de la cartera de depósitos, las de ahorro 21% y el plazo fijo el 1,17%. Esas cuentas corrientes alcanzan de sobra para prestar y así los bancos están trabajando con la plata del público para cumplir con los rigores del gobierno.
La suma de los créditos al consumo a través de las tarjetas equivale al 17,18% de sus captaciones bancarias totales y al 10% de la cartera total de depósitos. “Solamente con lo que se cobra a las tarjetas se están cubriendo todos los costos ocasionados por depósitos a plazo fijo y cuentas de ahorro”, explica el experto.
Pero, coincidiendo con otros analistas, Ackerman advierte que la banca está trabajando “con billetes de monopolio, con una moneda que está sujeta a erosión monetaria descontrolada y con grandes expectativas de debacle de esa moneda”.
El consenso es que semejante paraíso no durará para siempre y llegará el momento en que una política monetaria restrictiva le ponga fin.
La isla financiera. En momentos en que el gobierno de Maduro acelera medidas para aumentar el poder del Estado, las cifras de la banca son sorprendentes. Según los números del Banco Central de Venezuela (BCV), en el tercer trimestre de 2013, cuando el PIB promedió un avance del 1,1%, el sector “Servicios financieros y seguros” lo hizo en 19,5%, muy por encima de Telecomunicaciones, con 6,8%.
Y así ha sido en los últimos años. Pero algunos analistas creen que este crecimiento está inflado por las particularidades de una economía con altísima inflación y que está inundada de bolívares con poco poder adquisitivo. Sólo en el último año la cantidad de dinero circulante ha crecido 70% y la inflación anualizada es del 60%.
Mientras, la tasa de interés activa del promedio de los seis mayores bancos del país en la primera semana de diciembre fue de 15,36%, la de depósitos a plazo de 90 días es de 14,50% y la de ahorros 12,50%. Entre los anuncios del gobierno de un plan para hacer “la revolución del ahorro” y “bajar el consumismo” está el aumento de la tasa activa hasta 16% para depósitos menores a Bs 20.000 (unos US$3.000 al cambio oficial y US$300 al mercado negro).
El propio presidente Maduro ha ponderado el aumento de los depósitos de ahorro en el sistema como una buena noticia. “Vamos creando nuestro propio milagro económico. Tendremos una sólida base productiva en la que se sostendrá el socialismo”, recalcó recientemente.
En un entorno con mínimas oportunidades para negocios privados lícitos, las ganancias de la banca son envidiables, aun si se descuentan la inflación y las distorsiones cambiarias. Entre enero y octubre de 2013 el resultado neto acumulado fue de US$6.139 millones, según las cifras de Sudeban.
De los 35 bancos que hay Venezuela, 10 son del Estado, algunos adquiridos tras una “minicrisis bancaria” entre 2009 y 2010, cuando el gobierno además clausuró el mercado de valores, las casas de bolsa y un mercado alternativo de divisas que se apoyaba en cotizaciones de bonos de la deuda pública. La banca privada compite en condiciones de desigualdad con la estatal, que tiene más facilidades para el acceso a los dólares oficiales y debe pagar menos aportes a Fogade, el organismo oficial de garantías bancarias.
Al cierre de octubre de 2013, el clave indicador Rentabilidad sobre el Patrimonio (ROE) del sector bancario, se colocó en 54,96%. Pocos negocios en la inflacionaria Venezuela tienen un margen así. Pero las cifras también pueden ser engañosas.
“Son ganancias en pinches bolívares venezolanos que no quiere nadie”, señala otro experto en el sistema financiero que prefirió el anonimato.
El dólar negro, al que el gobierno ha jurado derrotar, está hoy en al menos 10 veces la tasa oficial de 6,30. Hace un año, ese dólar proscrito no alcanzaba ni un tercio del valor actual. Hoy es el marcador de precios relativos en toda la economía y es una tabla rasa sobre la que se deprecian los activos locales.
El exceso de liquidez en el sistema financiero también contribuye a la disparada de ese dólar. Uno de los grandes negocios en Venezuela es endeudarse en bolívares con los bancos locales para comprar dólares en el paralelo. Quien se apalancó de esta forma logró enormes ganancias en corto tiempo.
Acciones en disparada. La exuberancia es evidente en el precio por acción de los bancos que están listados en la Bolsa de Valores de Caracas, un mercadillo sin gran profundidad ni liquidez, pero que sirve de referencia sobre las ganancias de algunas empresas. Pero hay una pequeña trampa. “Las acciones son compradas por los mismos dueños, para tesorería”, señala un analista financiero. “A los bancos les va bien, pero les va mejor a sus dueños”.
Como botón de muestra, las acciones del Mercantil subieron de US$24 (a cambio oficial) en enero a casi US$143 al cierre del año. El precio del estatal Banco de Venezuela se triplicó, al igual que los privados BNC y el Provincial, filial del español BBVA.
“Hay cinco o seis grandes bancos muy buenos en calidad y solvencia”, señala otro analista financiero experto en análisis de riesgo. “Hay unos sólidos, otros regulares y otros más o menos. En empresas de seguros es igual”.
Indicadores de rentabilidad, como resultado neto sobre el patrimonio, son mucho mejores en los bancos grandes. En uno de ellos llega al 98% y en otro al 55%. Pero hay otros que exhiben un tímido 27%. La mayoría no logra compensar ni la inflación, según se aprecia en sus estados financieros.
“El promedio de la utilidad y rentabilidad de la banca es muy alto. Pero no a toda la banca le ha ido tan bien, ni todo lo que brilla es oro”, dice este experto.
El difunto Chávez solía atacar al sistema financiero y a los banqueros más notables. En radio y televisión amenazaba con estatizar todo el sistema. Hoy hay una suerte de tregua. El gobierno más bien los ha convertido en socios obligados, a los que les ha impuesto la compra copiosa de bonos del Estado que sirven para financiar el gasto público, los programas sociales y las campañas electorales del oficialismo.
En general el mundo de los banqueros intenta no llamar la atención y la codicia fiscal del gobierno, mucho menos azuzar el virulento discurso de Maduro. “La gerencia ha funcionado bien y esa cuerda no se ha tensado. Hay un juego de estira y encoge”, dice el experto sobre las relaciones entre el sector y el Estado. “Pero esto no sería sostenible en el largo plazo. Ha habido una ecuación, pero es evidente que si esto se aprieta mucho más, tiene su límite”.
De hecho, la fiesta podría comenzar a desanimarse en los próximos meses. “Este 2014 va a ser complicado. La banca vive del entorno y cualquier situación va a reflejarse en ella. Este año no va a ser una copia de los últimos tres años, va a ser más difícil”, señala el analista de riesgo.
Economistas y empresarios prevén más devaluaciones, aumentos de precios de bienes y servicios provistos por el Estado, más inflación y escasez. Pero a la vez nadie apuesta a que se cortará ese chorro de abundante liquidez e impresión de dinero inorgánico que ha inflado todos los números de la economía, inclusive los de la banca.
autor Omar Lugo
 
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